Wabi Sabi

Nada dura, nada está completo, nada es perfecto. Este concepto zen de la estética y la vida irrumpe en Occidente como herramienta en la búsqueda de una existencia más feliz.

Existe una técnica japonesa conocida como ‘Kintsukuroi’, que consiste en reparar objetos rotos rellenando sus grietas con oro o plata. En lugar de ocultar los defectos, éstos se acentúan y se celebran, ya que son la prueba de la imperfección y la fragilidad de las cosas, pero también de la resiliencia, la capacidad para sobrevivir, recuperarse y hacerse más fuerte.

La idea que subyace en esta práctica entronca con la filosofía ‘Wabi-Sabi’, de la que cada vez se habla más, pero de la que no hay una definición exacta, ni siquiera en su país de origen debido, en parte, a la afición japonesa por la ambigüedad. Pero además, el budismo zen siempre ha recelado del lenguaje como una trampa para la verdadera comprensión de las cosas, añadido al hecho de que los que saben, generalmente no dicen mucho, y los que más dicen, son precisamente los que menos saben.

Siguiendo esta tendencia, se llegó al resultado de interiorismo de ‘Wabi-Sabi Café’, cada elemento inmobiliario, de iluminación o decoración crean un conjunto único y perfecto dentro de la singularidad de estilo de cada uno de ellos.